El antiguo hotel fue completamente transformado para adaptarse a los nuevos edificios. Se instalaron todo tipo de comodidades, a las que se podía acceder a través de espectaculares escaleras, amplias terrazas y miradores que ofrecían vistas de la ciudad. El futuro Casino de la Rabassada empezó en 1898 como Gran Hotel Restaurant, decorado por Edmon Lechavallier Chevignard. El lugar era popular entre la alta sociedad barcelonesa y los artistas y personalidades de la época. Guarda mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. La línea estuvo en servicio hasta finales del año 1938 cuando fue utilizada por los barceloneses que huían de los bombardeos y por el personal del cuartel en que se había reconvertido el casino.
Barcelona ya ha ejecutado el 88% de los fondos europeos Next Generation
En 1929, gracias a la Exposición Internacional volvió a recuperar algo del prestigio que había ido perdiendo, pero el estallido de la Guerra Civil fue el punto de inflexión hacia su total desaparición. Si quieres mas información sobre estas instalaciones existe un libro dónde explica toda la historia. En 1936, las fuerzas franquistas se apoderaron del complejo y lo convirtieron en un cuartel de Carabineros. Lo dejaron tan destruido que, en 1940, se tuvo que derribar para evitar accidentes. Canalejas, que debía dar la autorización para reanudar el juego después de que mi abuelo comprara el casino, fue asesinado en Madrid el día antes.
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La cosa se puso aún más fea en 1923, cuando la dictadura de Miguel Primo de Rivera, prohibió definitivamente el juego cortando de raíz toda permisividad. La misma noche de la inauguración se presentaron las autoridades para clausurar el casino … aunque enseguida se solucionó el trámite para volverlo a abrir. La idea era construir el que debía ser el mayor y más exclusivo complejo de ocio junto a la ciudad. Registraron la Societat Anònima La Rabassada SA ypusieron sobre la mesa dos millones y medio de pesetas y contactaron con el arquitecto Andreu Audet i Puig para encargarle las obras. Josep Sabadell se asoció con el gran empresario de la restauración en ese momento Miquel Montané, propietario del Gran Café Restaurante Alhambra (1891) del el paseo de Gracia número 25, el más amplio de la ciudad. El Casino consiguió un gran renombre como centro de juego de la ruleta, donde se perdieron grandes fortunas.
UN PARQUE DE ATRACCIONES CON CASINO
Siempre había querido saber más sobre la historia de esas ruinas y, gracias a una exposición temporal sobre el tema en el Museu de Sant Cugat, he visto cumplido mi deseo. El primero son los interesantes detalles de estilo arabesco que se aprecian en los restos de ventanas que todavía se mantienen en pie. Y el segundo, el estado tan precario en el que se encuentran, medio absorbidas por la maleza.
Visitas y acceso al sitio
En 1899 se construyó el Gran Hotel de la Rabassada, decorado por el taller del pintor francés Edmond Lechevallier Chevignard, que se amplió en 1911 con la construcción de un casino, proyectado por el arquitecto Andreu Audet i Puig, y una zona de atracciones. La inauguración no fue todo lo lucida que se hubiera querido, ya que una gran parte de los invitados, ante el temor de que hubiera problemas de aparcamiento, prefirieron subir con uno de los cuatro tranvías que habían sido alquilados a una empresa de Marsella. El antiguo hotel sufrió una transformación completa para poder adecuarlo a los nuevos edificios instalando todo tipo de comodidades, a las que se podía acceder a través de espectaculares escaleras, amplísimas terrazas y miradores desde los que se podía divisar la ciudad. Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico. Hoy en día solo queda parte de la fachada de lo que en su día fue la ostentosa entrada al casino y hotel. Una de sus enormes habitaciones era una sala de juego exclusiva para jugar a la ruleta.
La Barcelona de antes
El resto queda a lo que nuestra imaginación y las fotos nos permitan reconstruir, la imagen de que aún el bosque más anodino y la piedra más dejada puede esconder la historia de uno de los edificios más lujosos de la historia de la ciudad. La nieta de Meunier, que se identificó como Isabel Meunier, afirmó que su abuelo había comprado el complejo en 1919 y que lo había convertido en un parque de atracciones. Según ella, el casino nunca se había reabierto y que los túneles de la montaña rusa nunca se habían utilizado como bodegas ni almacenes. Algunos cronistas sostienen que, debido a la Exposición Internacional de 1929, el gobierno permitió la reapertura de la sala de juegos del antiguo casino.
El casino de la Rabassada | Si vas de Barcelona a Sant Cugat del Vallès por la carretera BP-1417, un poco más adelante del desvío hacia la ermita de Sant Medir, encontrarás unas ruinas a pie de carretera que te llamarán la atención por dos motivos. Los fusilamientos en la Rabassada dejaron una profunda marca en la historia de Barcelona. El casino, que ya estaba en declive, quedó asociado con la tragedia y el sufrimiento. Muchos consideran que este evento marcó el comienzo del fin para el Casino de la Rabassada, ya que su imagen se vio irremediablemente manchada por la violencia y la represión.
Las ruinas son los restos de lo que me tomo la libertad en llamar “prototipo de un Eurovegas de principios del siglo XX”, y que no es otra cosa que el Gran Casino de la Rabassada. A lo largo de los años, y a medida que he ido pasando junto a esas ruinas, cada vez me he sentido más atraída por ellas y por ese halo de misterio que transmiten. Es un símbolo de la historia de Barcelona y un recordatorio de los eventos trágicos que tuvieron lugar durante la Guerra Civil Española. A pesar de su estado de abandono, sigue siendo un lugar de interés para los amantes de la historia y la arquitectura, y se espera que en el futuro se puedan llevar a cabo proyectos de restauración para preservar su legado.
Los restos ubicados en el solar (por sucesión) han pasado a ser propiedad de dos familias barcelonesas. Durante la guerra civil los túneles de las atracciones fueron utilizados como refugio contra los bombardeos y el hotel fue utilizado como cuartel. La permisividad del gobierno duró el tiempo que estuvo abierta la Exposición. Una vez finalizad, Primo de Rivera decretó nuevamente la prohibición del juego.
LIBROS MARCA BARCELONA
En un momento de la carretera de la Rabassada (o Arrabassada), dirección Sant Cugat, nos encontramos a mano derecha con los restos de lo que un día fue un hotel y posteriormente un gran casino. En la actualidad sólo se ve una montaña de ruinas en medio de una atmósfera de misterio y de muchos muertos del pasado sin identidad. Con todo ello, para 1912 en medio de la dictadura de Primo de Rivera, el juego fue prohibido trayendo la ruina a este mundo de despilfarro.
Parque de atracciones
Irónicamente, a pesar del miedo que puede transmitir, en el lugar se respira mucha paz en el aire, combinado con la armoniosa melodía de los centenares de pájaros que vuelan sobre tu cabeza. Más adelante escalinatas completas en medio del bosque, muros enormes y fosas sin sentido, todo un circuito de película de terror. También se pueden ver las bodegas y algún que otro túnel de la montaña rusa. Guardar mi nombre, correo electrónico y sitio web en este navegador la próxima vez que comente.
El casino albergaba salones de baile, salas de juego y restaurantes de alta cocina, convirtiéndose en el epicentro de la vida social de la ciudad. Las instalaciones del Gran Casino sobrevivieron como hotel-restaurante y parque de atracciones, pero poco a poco fueron perdiendo clientela. Esto provocó el cierre progresivo de las instalaciones hasta que, en 1930, el restaurante cerró definitivamente. Durante un tiempo, los túneles de la montaña rusa se utilizaron como bodegas y almacenes. Este majestuoso casino fue el símbolo del lujo de una ciudad en plena expansión económica.
Prisiones, Cuarteles e Instalaciones Militares
Si quieres conocer otro lugar que marcó una época a parte del Gran Casino de Barcelona, pásate por nuestro artículo sobre el antiguo Parque de Atracciones de Montjuic. Lo que acabó con el Gran Casino de la Rabassada fue la prohibición expresa del juego, cómo hemos comentado, por parte de Primo de Rivera. Cuando parecía que gracias a la Exposición Mundial del 1929 empezaban a levantar cabeza, la crisis de los años posteriores provocaron el fin de la actividad por completo. La guerra civil, fue el último golpe que acabó con estas instalaciones tan singulares. Estas instalaciones existieron, hace pocos años nos enteramos de su existencia.
- Hay una zona en la que habían indigentes y no era cuestión de molestar.
- La cosa se puso aún más fea en 1923, cuando la dictadura de Miguel Primo de Rivera, prohibió definitivamente el juego cortando de raíz toda permisividad.
- Siguiendo los preceptos aprendidos en la materia “El Periodista en la Naturaleza” de David Rull, nos adentramos a recorrer el parque periurbano Collserolla donde se encuentran ubicadas las ruinas de lo que fue no solo un casino, sino, también un hotel y parque de atracciones.
- El Casino de la Rabassada es un emblemático edificio ubicado en la montaña de Collserola, en Barcelona.
- Si te gustan estas curiosidades sobre Barcelona, no dejes de visitar nuestro artículo.
Se modernizaron las instalaciones anteriores y se construyó un casino equipado con los últimos elementos, un parque de atracciones, destacando la montaña rusa Scenic Railway, diseñada por Marcus Adna Thompson (inventor de las montañas rusas). Tenía un recorrido de 2 km con un desnivel de 25 metros y varios túneles, de los cuales alguno todavía se conserva. Las instalaciones se derrumbaron en el año 1940, y hoy en día tan solo quedan los restos de paredes y columnas, habitaciones medio destruidas, algunas esculturas entre la vegetación y algunas entradas y túneles. Durante su época dorada, el Casino de la Rabassada se convirtió en uno de los lugares más exclusivos de Barcelona. Era frecuentado por la aristocracia y la burguesía catalana, que acudían a disfrutar de su lujoso ambiente y sus magníficos jardines.
Las instalaciones sobrevivieron como hotel – restaurante y parque de atracciones pero poco a poco fue perdiendo clientela, lo que propició el cierre progresivo de las instalaciones hasta que, en 1930, se clausuraba definitivamente el restaurante. Después de atravesar la fachada del antiguo casino, un sendero desdibujado te indica el camino a seguir. En medio del bosque se pueden observar restos y construcciones a medias, que han sido parte global del complejo.
SEDE DE LA BURGUESÍA BARCELONESA
Las ruinas recuerdan lo que fue en su momento un lugar majestuoso y lujoso. Otras leyendas, aunque relacionadas con “el más allá”, son las que nos explica Sylvia Lagarda-Mata en su libro “Fantasmas de Barcelona”, ya casi al final de la obra. Se dice que en el lugar se han oído psicofonías en diferentes ocasiones, y que se han visto rondar por allí a un hombre y a una niña vestidos con ropas de principios del siglo XX. Como suele ocurrir con los lugares que han ido dejando una senda de misterio con el paso del tiempo, diferentes leyendas se han ido consolidando sobre el mismo. A partir de ese contratiempo, el espacio lúdico continuó funcionando como hotel y restaurante.
El Casino de la Rabassada fue construido a finales del siglo XIX como un lugar de recreo para la alta sociedad barcelonesa. Su ubicación en la montaña de Collserola ofrecía unas vistas impresionantes de la ciudad y el mar, convirtiéndolo en un lugar muy popular para eventos sociales y actividades de ocio. El Casino de la Arrabassada, en antaño fue un hotel, casino y parque de atracciones, situado en la carretera de la Arrabassada en el término de San Cugat del Vallés. El mayor salón de juegos de la ciudad (con hotel, atracciones…) se construyó hace más de un siglo sobre Collserola, pero hoy ya apenas quedan algunos restos. Al año siguiente se empezó a perseguir el juego, se comenta que contribuyó también al abandono el hecho de que grandes fortunas se perdieron en sus mesas de juego. Corría el rumor de que algunos de estos desafortunados se quitaron la vida allí para no afrontar tal humillación ante sus familiares.
Es una pena que se haya perdido algo así tan reciente, suerte que aún se pueden ver algunas fotos y grabaciones de cómo fue. Hay una zona en la que habían indigentes y no era cuestión de molestar. Hay testimonios de gente que ha caminado entre sus ruinas, algo que ahora mismo no está permitido y al parecer es notablemente peligroso por el riesgo de que algunos de esos escasos vestigios se venga abajo.
En el año 1940 el complejo se derribó y hoy apenas quedan algunas señales de que algo así estuvo tan cerca de Barcelona. Todo esto viene a cuento de que hace unos meses Francesca Portolés, licenciada en Bellas Artes y profesora de dibujo de instituto, ya jubilada, tuvo un sueño, y eso la decidió a rescatar una serie de fotos que hizo en el lugar hace 36 años. Es algo que hará a partir del 6 de noviembre, en la sede de la Agrupació Fotográfica de Catalunya, en la calle del Duc, 14, que albergará una exposición de esas fotos hasta el 26 del mismo mes. En la actualidad, la entrada al solar que ocupaba el recinto está prohibida por motivos de seguridad. Tanto los visitantes como los restos ubicados en el solar, que pertenecen a dos familias barcelonesas, están en riesgo.
Al año de su apertura, en junio de 1912, el Congreso de los Diputados, con el presidente José Canalejas al frente, votó a favor de su prohibición oficial, lo que supuso un golpe mortal al casino, que tuvo que cesar en sus actividades. Según explican, esa burguesía era una clase social emergente (a lo que hoy en día llamaríamos “nuevos ricos”), que disponía de un gran poder económico, pero que tenía que posicionarse socialmente con relación a la antigua nobleza. El origen etimológico de la palabra casino lo encontramos en la lengua italiana. La palabra casini significa casa de campo, y se refiere al lugar donde los nobles italianos del siglo XVII iban a pasar sus horas de asueto, y en el que la práctica de todo tipo de juegos era una de las principales actividades que se llevaban a cabo. Tal y como, creo recordar, lo relata William Shakespeare en su comedia “Mucho ruido y pocas nueces” (Much ado about nothing).