Por desgracia apenas quedan algunos vestigios de su presencia en la montaña de Collserola. Te contamos todo lo que hemos descubierto sobre el Casino abandonado de Barcelona. Al cabo de pocos metros aparece una pared desastrada, con un amago de puerta y un cartel que indica la situación de las ruinas. Si escogemos cruzar esa puerta nos encontraremos un bosque cerrado que parece no llevar a nada, pero que nos mostrará, si le damos unos pasos de confianza, los restos de una balconada blanca de estilo modernista, que fue el mirador del casino sobre la ciudad. Aunque el edificio estaba situado en el municipio de San Cugat del Vallés, (en la carretera que sube al Tibidabo) se le puede considerar como un complejo lúdico de Barcelona. En su tiempo fue uno de los edificios más espectaculares de la ciudad, pero hoy está en ruinas y lleno de misterio, en contraste con su antiguo glamour.
El casino se convirtió en un lugar emblemático y referencia del lujo barcelonés, en un momento de expansión económica de la ciudad. Todo esto viene a cuento de que hace unos meses Francesca Portolés, licenciada en Bellas Artes y profesora de dibujo de instituto, ya jubilada, tuvo un sueño, y eso la decidió a rescatar una serie de fotos que hizo en el lugar hace 36 años. Es algo que hará a partir del 6 de noviembre, en la sede de la Agrupació Fotográfica de Catalunya, en la calle del Duc, 14, que albergará una exposición de esas fotos hasta el 26 del mismo mes. Los precios del hotel eran elevados, solo al alcance de los bolsillos más acaudalados. La habitación sin desayuno costaba 8 pesetas y el cubierto del restaurante, 5 pesetas.
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Tal y como, creo recordar, lo relata William Shakespeare en su comedia “Mucho ruido y pocas nueces” (Much ado about nothing). Las ruinas son los restos de lo que me tomo la libertad en llamar “prototipo de un Eurovegas de principios del siglo XX”, y que no es otra cosa que el Gran Casino de la Rabassada. A lo largo de los años, y a medida que he ido pasando junto a esas ruinas, cada vez me he sentido más atraída por ellas y por ese halo de misterio que transmiten.
Sabadell viajó a Madrid acompañado de Pablo Iglesias y de Alejandro Lerroux para intentar solucionar el problema del casino de una vez por todas… pero volvió a Barcelona con las manos vacías. La misma noche de la inauguración se presentaron las autoridades para clausurar el casino … aunque enseguida se solucionó el trámite para volverlo a abrir. En el exterior esperaban a los visitantes unos espectaculares jardines con esculturas, pérgolas, glorietas y fuentes…y una terraza-mirador con quioscos de bebidas. La idea era construir el que debía ser el mayor y más exclusivo complejo de ocio junto a la ciudad. Registraron la Societat Anònima La Rabassada SA ypusieron sobre la mesa dos millones y medio de pesetas y contactaron con el arquitecto Andreu Audet i Puig para encargarle las obras.
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Hacia la izquierda de la entrada principal, estaba el casino propiamente dicho, con un vestíbulo, guardarropía, servicios y dos salas de juego. En el primer piso disponía de un agradable comedor con una elegante rotonda, e incluso se constituyó un Círculo de Extranjeros con el fin de proporcionarles una estancia agradable. Existía también un bar y un restaurante para uso exclusivo de los socios extranjeros.
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Hay una zona en la que habían indigentes y no era cuestión de molestar. En el año 1940 el complejo se derribó y hoy apenas quedan algunas señales de que algo así estuvo tan cerca de Barcelona. Se organizó un servicio de coches que, desde la calle del Portal de Ángel, llevaba a los clientes hasta el Casino.
Se instauró de nuevo el servicio en régimen de alquiler para la compañía Las Tramways de Barcelone que asignó coches de la serie 200 y la línea salía de la plaza de Cataluña. Ubicado en la Sierra de Collserola, estos muros, hoy comidos por el tiempo y el abandono, acogieron a principios del siglo pasado a la flor y nata de la burguesía catalana. Hotel, restaurante y parque de atracciones completaban la oferta de una obra faraónica que contó con un presupuesto de 2,5 millones de pesetas, una cantidad económica insólita para la época. Entonces el edificio se fue deteriorando y durante la guerra civil española se utilizó primero, como refugio contra los bombardeos y después como cuartel. Este majestuoso casino fue el símbolo del lujo de una ciudad en plena expansión económica. El caso del Casino de la Rabassada no solo se caracterizó por su exclusividad, también por su fugacidad.
DOS FAMILIAS, UN MUSEO Y LA MONROE EN SANT CUGAT
Josep Sabadell se asoció con el gran empresario de la restauración en ese momento Miquel Montané, propietario del Gran Café Restaurante Alhambra (1891) del el paseo de Gracia número 25, el más amplio de la ciudad. El Casino se encuentra enclavado en una finca de 10,68 hectáreas, cuyos propietarios mantienen como reserva forestal.
De la Exposición Internacional del 1929 a la Guerra Civil
Independientemente de estas historias, la verdad es que el lugar actualmente no invita a demasiadas visitas turísticas por la propia seguridad de los visitantes. Evidentemente no es la exposición del Titánic, pero permite hacerte una idea, a través de diferentes fotografías de la época y textos explicativos que las acompañan, de lo que supuso semejante construcción en medio del paraje de Collserola. Siempre había querido saber más sobre la historia de esas ruinas y, gracias a una exposición temporal sobre el tema en el Museu de Sant Cugat, he visto cumplido mi deseo.
SEDE DE LA BURGUESÍA BARCELONESA
En una de las salas del antiguo restaurante se celebró el banquete de despedida a las Brigadas Internacionales. Donde ahora no hay más que maleza y restos de algún muro, hace más de 110 años brilló con luz propia uno de los complejos de ocio más exclusivos de su tiempo. La línea estuvo en servicio hasta finales del año 1938 cuando fue utilizada por los barceloneses que huían de los bombardeos y por el personal del cuartel en que se había reconvertido el casino. El material y las instalaciones permanecieron inactivos e intactos hasta 1956, cuando se decidió su supresión definitiva. La propiedad de la finca y del Casino ha pasado, por sucesión, a dos familias catalanas, residentes en Barcelona, con quienes es posible contactar por medio de la administración del parque natural de Collserola.
UN PARQUE DE ATRACCIONES CON CASINO
Una gran parte de los invitados, ante el temor de problemas de aparcamiento, optaron por subir en uno de los cuatro tranvías alquilados a una empresa de Marsella. Algunos cronistas han escrito que, debido a la Exposición Internacional de 1929, volvió a abrir sus puertas la sala de juegos del antiguo Casino. Por culpa de la avería de un transformador de electricidad, los tranvías no pudieron hacer el traslado de muchos invitados al casino. El antiguo hotel sufrió una transformación completa para poder adecuarlo a los nuevos edificios instalando todo tipo de comodidades, a las que se podía acceder a través de espectaculares escaleras, amplísimas terrazas y miradores desde los que se podía divisar la ciudad. El futuro casino empezó en 1898, como Gran Hotel Restaurant de la Rabassada.
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- El 15 de diciembre de 1899, el jefe de cocina, José Casanovas, ganó el premio de la medalla de oro en el tercer concurso culinario de la Agrupación Artística culinaria «La Modelo».
- La entrada principal estaba flanqueada por una gran reja, con dos taquillas a los lados.
- En el primer piso disponía de un agradable comedor con una elegante rotonda, e incluso se constituyó un Círculo de Extranjeros con el fin de proporcionarles una estancia agradable.
- Una vez finalizada esta, el gobierno de Primo de Rivera volvió a prohibir el juego.
En la década de los años 20 quiso darle un giro y convertir el lugar en un centro lúdico familiar. En 1919 compró todo el complejo y le cambió el nombre a Jardines de Recreo y Atracción. La línea del tranvía, que quedó sin funcionamiento desde la quiebra, la reabrió la Sociedad de Tranvías de Montaña SA. Aunque no llevaba el nombre de casino, funcionaba como tal, porque las autoridades gubernativas volvieron a permitir el juego. Las instalaciones anteriores fueron modernizadas y se construyó un casino equipado con los últimos elementos.
BARCELONA STYLE
Eran frecuentes los asaltos a los coches que la transitaban… incluso a los usuarios del tranvía!. El recinto se abrió el 15 de julio de 1911 con una inauguración apoteósica. A la recepción acudió la flor y nata de la burguesía barcelonesa y extranjera. El discurso inaugural lo presidió el entonces alcalde de Sant Cugat, Martí Rodó. Con la construcción de la carretera de la Rabassada (1877) y el “Parque de atracciones del Tibidabo” (1900) la zona era una “perita en dulce” para cualquier inversor con perspectivas de futuro. El Casino consiguió un gran renombre como centro de juego de la ruleta, donde se perdieron grandes fortunas.
Los edificios del casino estaban distribuidos a lo largo de la carretera. La entrada principal estaba flanqueada por una gran reja, con dos taquillas a los lados. A la derecha y por una galería se llegaba al restaurante y al salón-concierto, de donde salía una terraza y una galería que daban al belvedere o mirador. Entre el cierre y la demolición, durante la Guerra Civil, el antiguo casino y hotel sirvió de refugio antiaéreo y almacén de armas. Por lo menos hasta hace una década, algunos sintecho vivían en la zona, como explico en 2015 en este diario la periodista y escritora Olga Merino.
Decorado por Edmon Lechavallier Chevignard, al local acudía la alta sociedad barcelonesa y los artistas y personalidades de la época que visitaban la ciudad. A partir de ese contratiempo, el espacio lúdico continuó funcionando como hotel y restaurante. En 1929, gracias a la Exposición Internacional volvió a recuperar algo del prestigio que había ido perdiendo, pero el estallido de la Guerra Civil fue el punto de inflexión hacia su total desaparición.
. . . PROTEGIDA POR LA MONTAÑA DEL TIBIDABO
Una vez finalizad, Primo de Rivera decretó nuevamente la prohibición del juego. La inauguración no fue todo lo lucida que se hubiera querido, ya que una gran parte de los invitados, ante el temor de que hubiera problemas de aparcamiento, prefirieron subir con uno de los cuatro tranvías que habían sido alquilados a una empresa de Marsella. Guardar mi nombre, correo electrónico y sitio web en este navegador la próxima vez que comente. El juego, a pesar del estar relacionado con el glamur del que ya hemos hablado, no dejaba de ser algo que se movía fuera de la ley y dependía de los sobornos a las autoridades para poder funcionar.
Canalejas, que debía dar la autorización para reanudar el juego después de que mi abuelo comprara el casino, fue asesinado en Madrid el día antes. Para su inauguración, el Gran Hotel Restaurant de la Rabassada contrató a un equipo de cocineros parisinos que lo situaron en la cima de los restaurantes de Barcelona. El 15 de diciembre de 1899, el jefe de cocina, José Casanovas, ganó el premio de la medalla de oro en el tercer concurso culinario de la Agrupación Artística culinaria «La Modelo». Por último, se construyó un jardín botánico con especies de árboles y plantas importadas, como el plátano de sombra, el cedro del Atlas, el cedro de la India, el castaño de Indias, la palmera excelsa y el azahar de la China. La cosa se puso aún más fea en 1923, cuando la dictadura de Miguel Primo de Rivera, prohibió definitivamente el juego cortando de raíz toda permisividad.
A lo largo del tiempo se usaron para hacer pasar las vagonetas y guardarlas y más tarde como bodegas y almacenes. A poco más de cincuenta metros de estos túneles, y en dirección hacia Barcelona, se encuentra un lago que supuestamente se situaba bajo la montaña rusa. En la actualidad está prohibida la entrada al solar que ocupaba todo el recinto por motivos de seguridad. Los restos ubicados en el solar (por sucesión) han pasado a ser propiedad de dos familias barcelonesas. Durante la guerra civil los túneles de las atracciones fueron utilizados como refugio contra los bombardeos y el hotel fue utilizado como cuartel. La permisividad del gobierno duró el tiempo que estuvo abierta la Exposición.
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En 1912 se empezó a perseguir en España a los juegos de azar y, por imposición gubernativa, el casino dejó de funcionar. Con ello dejaron de visitarlo jugadores locales, nacionales y extranjeros. La empresa le arrendó el complejo a Joan Meunier Morin, que se encargó de dirigirlo todo, menos el casino. Con toda probabilidad, al cierre del casino se llamaba a la familia, se transportaba el cadáver a un tanatorio o a la casa del fallecido, la habitación se limpiaba y se dejaba en condiciones para la siguiente ocasión que alguien decidiera utilizarla.